Daniel Greve: Un papá gastronómico, lúdico y de piel

Se considera un papá lúdico, muy de piel, de besos y abrazos. Daniel Greve, como periodista gastronómico, les enseña las bondades de la buena mesa a sus hijos Nicolás (8) e Ismael (1 año nueve meses). Por eso visitar la cosecha de la huerta orgánica de su oficina, una editorial y productora gastronómica, ya es un hábito para su hijo mayor. “Les muestro los olores y a qué huelen las cosas para que sepan reconocerlas. El olfato es una pieza clave en la distinción de los sabores; ​sin olfato no hay sabor”, asegura.  Seguir leyendo

Daniel-Greve

Al periodista le cambió la vida ciento ochenta grados cuando fue papá. Dice que ahora, que tiene que dar el ejemplo a sus niños, ya no cruza las calles como antes. Mira para los dos lados, espera la luz verde, hace contacto visual y usa todos sus sentidos de manera defensiva. Esto mismo le explica a su hijo mayor cada vez que él atraviesa una calle. “Cuando eres papá ​cambian tus prioridades y la forma en que te comportas. Terminas domesticándote a ti mismo”.

Para Daniel los fines de semana con sus hijos en la playa son lo máximo. “Podemos construir castillos de arena sin parar”. Otro de sus momentos de complicidad es cuando con su hijo Nicolás, en una cava de vinos, juegan a que Nico es el vendedor de la botillería y Daniel su cliente.

“Nico finge una voz ronca y me dice: “qué quiere, señor”. Y yo le voy preguntando por lo que vende, y él me ofrece vinos o destilados. Obviamente siempre le regateo el precio, porque mi mejor argumento es que todo está muy caro”, comenta entre risas.

​Y agrega: “Me gusta jugar con mis niños todo lo que puedo. Ser un partner, cuando se puede. El resto del tiempo, lamentablemente, tengo que tomar una postura menos divertida pero absolutamente necesaria, que es la de marcar los límites e imponer orden y respeto”.

¿Cocinas con tu hijo mayor?

​Cocinamos algo, pero no mucho. Nicolás prefiere comer y antes que eso, jugar. Por lo tanto si la cocina no es un juego, puede serlo, créanme, es muy difícil convencerlo aún. Vamos bastante a restaurantes. Me sorprendió que le gustara, por ejemplo, el sashimi de salmón y siempre que salimos pide algo que no perdona: jugo de chirimoya.

​¿Qué importancia que le das a la comida sana en tus niños?

​Mucho, Ismael, el menor (aún no cumple dos) come principalmente comida casera que prepara nuestra nana o mi señora. ​Y digo principalmente porque le encantan los colados, pero nada que hacer: están bien hechos y diseñados para que le gusten. Eso sí; un jugo de mandarina recién exprimido unos 20 minutos antes de la papa de la mañana, creo, es un buen hábito. Y medio plátano a media mañana.

¿Eres un papá de reglas?

​No transo la falta de respeto y de conciencia con el resto. Me propuse enseñarles a mis hijos que somos seres sociales, que no estamos solos en la ciudad. Que hay que saludar, que hay que cuidar el entorno y que, si va al caso, hay que abrirle o sostenerle la puerta a quien viene detrás tuyo. Sea quien fuere, siempre.

¿Cómo recuerdas el nacimiento de tus hijos?

​Inolvidables los dos. Recuerdo siempre el color de la piel (¡morado!​) y el olor. Ese olor de recién nacido no se parece a nada.

¿Cómo son tus niños?

Son alegres, creativos y muy astutos, mucho, a veces me sorprendo. De hecho, posiblemente yo no iba tan rápido a esa edad…

¿Qué has aprendido con tus hijos? 

He aprendido a cultivar la paz-ciencia. Ni te imaginas…

¿Cómo ves a tus niños a futuro?

Sé que serán buenas personas, porque están creciendo en un entorno que les enseña eso, ante todo. Respeto, honestidad y sentido común. Puedes tener una religión, creencia o dogma; cualquiera, da igual, pero lo importante es ser una buena persona, hacer el bien. No sacas nada con predicar una cosa y hacer otra.

¿Qué sientes cuando hablas de tus hijos?

Puro orgullo.

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