Giancarlo Petaccia, un papá todo terreno

A sus 44 años tuvo a su primera hija y después de convertirse en papá, admite que debería haberlo sido antes. Y es que Lía, hoy de diez meses, lo tiene completamente enamorado. “Cuando la miro digo: lo que me perdí todo este tiempo, pero por algo las cosas son así… llegan cuando deben ser, ella es el amor más grande que uno puede sentir, algo desconocido hasta su llegada”, admite. Seguir leyendo

Giancarlo Petaccia

Por Carolina Méndez, The Mama Store

Lía significa leona en latín. “Es corto, bonito, queda perfecto con el apellido  y además es ¡Italiano!”,  cuenta entusiasmado el animador de televisión. Sus raíces italianas le afloran apasionadamente cuando le toca hablar de su hija; orgulloso muestra la gran cantidad de fotos que tiene guardadas en su celular y reconoce que está “babeando” por ella. “Lía es lo mejor, lo más mío que voy a tener en la vida y es ¡para siempre!”, exclama muy contento, y agrega: “Por mi familia italiana somos muy aclanados, entonces no cabía en mi vida estar solo, ahora que he formado la mía, me siento plenamente realizado”, asegura el conductor quien está desarrollando un nuevo proyecto en la pantalla “hecho a su medida” que pronto espera estrenar.

Giancarlo pasa de los estudios de televisión a los set de su casa, donde los pañales, chupetes y mamaderas son las luces que encienden su rol de padre; este papel le resulta cómodo y, lo más valioso, es que lo hace con “todo el amor del mundo”. Su mujer, Fernanda Alarcón, por su trabajo como periodista en retail, viaja bastante, por lo que él se hace cargo de su hija bien seguido. “A mí me deja de “Kramer”, ahí me quedo solo con la Lía y hemos funcionado de lo más bien. Claro que también lo hago con ayuda. Soy un papá todo terreno, muy presente y colaborador; no soy tan capo como mi señora, pero estoy al servicio de ambas; me fascina desde darle la papa, hasta bañarla y llevarla al doctor”.

El animador nos cuenta además, que ya están “negociando” con su mujer la posibilidad de darle pronto un hermanito(a) pues no quieren esperar mucho tiempo. “Sería sólo uno más, pues es difícil ser papá… requiere de mucho tiempo y ése yo creo que es el bien más escaso hoy en día en el mundo. Hay que dar a los hijos el cuidado que merecen y la dedicación para ser un padre presente… al menos, como yo lo quiero ser”, confiesa.

¿Cómo te cambió la vida cuando te convertiste en papá?

Cuando nació la Lía se me dio vuelta la vida y mis prioridades giraron 180 grados. Se me paralizó el agitado mundo que vivía y entré en otra sintonía. Siempre fui muy trabajólico, y había postergado mi proyecto de familia, pero ahora con esta personita, que depende cien por ciento de mí, yo pasé a ser lo menos importante. También con la paternidad afloran los miedos, me habían advertido tantas cosas, incluso algunos me pintaban la paternidad como algo terrible, pero ha sido muchísimo más fácil de lo que imaginábamos. Ser padre es puro ensayo y error. Los primeros tres meses son complicados, sobre todo para la mujer por la papa, los cólicos y porque se duerme poco, pero después todo ha sido perfecto;  Lía se porta muy bien, es sana y crece muy rápido; además, le encanta dormir, como a su mamá (risas).

¿Te preparaste para la llegada de tu hija?

Sí, absolutamente, leí mucho antes de que naciera y todavía me sigo informando. “Baby Center”, “Papá en Rodaje y “Crecer Sano”, son mis compañeros habituales (sonríe), pero sin duda, la práctica fue la que me sirvió para entender muchos aspectos. Para ser papá la clave es el tiempo, hay que disfrutar a los hijos porque crecen muy rápido y después esos momentos no se recuperan. Nosotros vamos a todas partes con la Lía, ella es bien “aperrada” y todo lo que hacemos los tres juntos es un panorama.

¿Cómo te imaginas a Lía cuando grande?

¡Uf!.. ni lo pienso, porque ni si quiera la veo caminando aún (ríe). Es bien raro, pero todavía no la imagino grande o no quiero verla así…. Mis amigos me molestan mucho, e incluso ya le tienen pololos, ¡qué terrible! Sólo quiero que ella sea muy feliz y que tenga la libertad para tomar sus propias decisiones. Me encantaría que fuera como mi mujer, que es total, inteligente, metódica, ordenada, pero muy gozadora. De mí, sacó el carácter, la niña tiene su genio, pero le va a servir en la vida, cuando algo no le parece, ¡olvídate!, es bien italiana para sus cosas.

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