Magdalena Baeza: El desafío de una mamá con once hijos

Magdalena Baeza tiene 11 hijos, entre 18 años y  8 meses, de quienes está muy orgullosa. “Me siento plena, absolutamente realizada y agradecida de haber podido tener esta gigantesca familia; recomendaría a ojos cerrados una familia numerosa”. Seguir leyendo

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Por Carolina Méndez, The Mama Store

La rutina diaria en la semana en la casa de Magdalena en Concepción, transcurre al ritmo de un clan numeroso. La alarma suena a las 6:15 y empiezan las duchas “cortitas” hasta terminar con el turno de Laura (8), la séptima de sus hijos. “Todos bajan a tomar desayuno, hacen su cama, terminan de arreglarse y listo”, comenta.

A esa misma hora, Magdalena se encarga de Felipe (7) y José Pedro (4) que van al colegio. El papá les lleva la leche, mientras ellos se visten solos y cooperan para hacer su cama; las hermanas grandes les ayudan a lavarse los dientes y a peinarse. A las 7:40 parten con el papá al colegio. En la casa se quedan los más chicos, de 2 años y 8 meses.

Juan Cristóbal (18), Magdalena (17), Ignacio (16) María Jesús (14), Elisa (12), Álvaro (10), Laura (8) Felipe (7) José Pedro (4) Santiago (2) y Vicente (8 meses), forman la familia de Magdalena, profesora básica con mención en  literatura y religión quien hoy no trabaja para estar dedicada a su familia, “Soy una mamá 24/7”, comenta.

La idea de una familia numerosa estuvo siempre presente para Magdalena. “Cuando me casé dije: quiero tener una familia con hartos niños, para que todos lo pasen así de bien. Fue tema de conversación, incluso si es que no podíamos tener hijos. Mi marido también quería varios niños, ¡pero no sé si tantos! Hoy, los dos somos felices y muy “partners” en todo, de otra manera no lograríamos manejar este buque”.

¿Y cómo se fue dando tener 11 hijos?

¿La cantidad? Se fue dando con el paso de los años. Lo vas viendo, conversando, dependiendo de cómo van creciendo los niños. Veíamos la paciencia, el ánimo, y las lucas. En todo caso las lucas nunca estuvieron en primer lugar. Ha habido períodos de “vacas flacas” y  todos los niños han llegado con una marraqueta. Lo que sí es claro, es que el tema es muy personal, lo ves tú y tu marido, a pesar de que todo el mundo se siente como obligado a opinar diciendo: “otro más? ¿no tienen televisión?, ¡hasta cuándo van a seguir teniendo guaguas!”. Finalmente los hijos son tuyos, tú los educas y no el vecino. 

Me imagino que cuando tus hijos llegan de sus actividades se vive una tarde intensa en tu casa….

Empiezan a llegar por goteo. A las 13:30 el del jardín, y el resto desde las 4:30 hasta las 18:30 aprox. Las tareas se hacen desde las cinco, después de tomar té todos juntos (los que estén). Ahí cada uno va contando cosas, no falta la anécdota divertida, o el que se come el pan del otro. Mientras, llegan  los más chicos y quieren participar, otra trae a la guagua que despertó y hace sus gracias para que la celebren. Luego me organizo con las tareas, ayudo al más necesitado y a veces entre los hermanos también se ayudan. A las 18:30 empieza el baño de los cuatro más chicos, comida a las 19:00 para ellos y luego comida para los más grandes a las 20:00. La de los más grandes, ojalá sea sin los chicos, para poder conversar con ellos con más tranquilidad, aunque no siempre se puede. A las 8:30 empieza el proceso de acostarse, leer y rezar con los chicos, y a veces no tan chicos, porque comparten pieza. La idea es que a las 22:00 horas ya estén todos en la cama listos para dormir.

Los hermanos se ayudan entre ellos y en las cosas cotidianas

Los más grandes ayudan en la comida, a levantar la mesa, a ponerla para el desayuno o a armar las colaciones. Los fines de semana también hay turnos. Un hijo chico con un grande, para que vaya aprendiendo. Los chicos tienen encargos fijos, pero hay que estar pendiente de que los cumplan. Los grandes ayudan en muchas cosas, pero nada fijo. La idea es que la familia somos todos, como un equipo. Tratamos de no cargarle la mano a ninguno y también tenemos muy claro que los hijos son nuestros, por lo tanto, también tienen sus tiempos libres y no están “amarrados” a la casa, sobre todo los adolescentes. Tenemos una variedad de edades, el grande que carretea y llega tarde, la guagua que llora en la noche por la leche, el chico que despierta porque tiene pesadillas, o se hizo pipí. El tema “dormir, o sueño” es un gran tema.

¿Y los fines de semana?

Son más relajados, tratamos de tomar desayuno juntos, los que estén despiertos, y van llegando de a poco. Almorzamos y tomamos té todos. No es fácil llevar una conversación, porque los chicos siempre quieren hablar, unos pelean, otros interrumpen. Lo clásico es que se dé vuelta el vaso de jugo, y que caiga al suelo, o en el plato de otro. Pasa de todo: nos reímos, peleamos, a veces  es un caos (exclama). Pero es una excelente oportunidad de que se vayan conociendo, que se respeten, que aprendan a escuchar, que cooperen y que participen. El papá tiene muy buen humor, así es que en la mesa siempre hay tallas y chistes para todos, lo que les hace muy bien.

¿Cuál es el desafío para ustedes como papás?

Darles la atención a todos con tan diferentes edades. Hay que corregirlos para que coman bien, hay que escuchar al que quiere conversar seriamente, al que quiere decir un chiste, consolar al que se puso a llorar por algo, son muchas cosas. Por eso también hemos dejado que los chicos almuercen primero y después sentarnos con los más grandes (de 10 para arriba), para darles también su espacio.

Debe ser bien pesado…

Sí, hay que tratar de llegar a todos y darle a cada uno lo que necesita en tiempo, para conversar, escuchar, aconsejar, acompañar, regalonear, hacer cosas juntos y solos; cubrir sus necesidades, en ropa, doctor, dentista, estudios y pasarlo bien juntos también. Uno como mamá tiene que ir conociendo a cada uno, porque, aunque todos son hijos de los mismos padres, ¡son todos distintos! Eso me impresiona mucho y a la vez me motiva a quererlos cada día más y mejor, a quererlos bien y querer lo mejor para cada uno. Esto no me agobia, me enorgullece ver cómo van creciendo, ver la  relación de hermanos de tanto amor y odio, de echarse de menos y a veces querer ahorcar al otro ¡como en todas las familias! (ríe)

En tu casa nadie se podría sentir solo….

Nunca estás solo, nunca te aburres, porque está el más chico, el del medio, el más grande. Puedes jugar cartas, salir a andar en bicicleta, cocinar, cantar con karaoke. Me gustaría que fueran muy unidos siempre, y tratamos de inculcarles esto. Que se ayuden entre ellos, a respetar su turno, a ser generosos, a pensar en el otro, a tener paciencia y a saber enfrentar las dificultades. Realmente es como un mini colegio. Cuando los observo, jugando todos juntos a la escondida, o en alguna actividad que los una me llena el alma, me siento plena, absolutamente realizada y agradecida de haber podido tener esta gigantesca familia.

Muchos nos creen locos de remate, pero creo que en el fondo, a ellos también les hubiera gustado una familia grande, y por diversos motivos, no se lanzaron. Recomendaría a ojos cerrados una familia numerosa. Si tuviera que empezar de cero, tendría esta misma idea: formar una familia numerosa.

¿Cómo eres como mamá?

Muy querendona, de regalonearlos y besuquearlos hasta que ya no me dejan. Me encanta salir con ellos, hacer panoramas, solos con cada uno, y también en grupo. Me río mucho con ellos. Pero también soy bruja a la hora de cumplir horarios, hacer lo que se les pide, que la cosa funcione. Si hay que ayudar, se ayuda y si hay que retar, también. Y obvio que sí me sale gritar, enojarme y todo lo que nos pasa a las mamás de uno o quince hijos cuando estamos cansadas. Pero adoro a mi familia (marido e hijos). Creo que es la inversión de la vida. Por lo tanto vale la pena entregarse por entero a ella, para dar lo mejor de uno y así ellos también puedan entregar lo mejor de cada uno.

¿Y tiempo para ti?

Aunque no lo creas, sí tengo tiempo, hasta duermo siesta a veces. Es que cuando son varios hermanos, se entretienen mucho entre ellos, no necesitan que la mamá esté encima todo el tiempo. También nos hacemos el tiempo con mi marido, para poder conversar con tranquilidad. Los jueves es nuestro “día de salida” salimos solos o con amigos y conversamos de nosotros, de los niños, de la pega, de los amigos, pero sobre todo de nosotros y de los niños.Y una vez al año nos escapamos sagradamente unos días solos, para descansar y ver cómo estamos, cómo vamos con este buque, para pasarlo bien como matrimonio y que no se meta la rutina.

¿Tendrías más hijos?

Creo que es algo muy personal, que vas viendo con el tiempo, que depende de varios factores…

6 comentarios en “Magdalena Baeza: El desafío de una mamá con once hijos”

  1. Que bello! La Miss Magdalena fue mi profesora en enseñanza básica en el Colegio Huelwn, marco mucho esa etapa, y siempre la recuerdo con cariño. Hermosa Familia!!!!!

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