Marcela Vacarezza: Sus días como mamá en Estados Unidos

Desde St. Petersburg, en el estado de Florida, Estados Unidos, la animadora nos relata la  experiencia de haberse trasladado por seis meses a esta parte del mundo junto a su marido Rafael Araneda y sus tres hijos Martina (13), Florencia (10) y Vicente (7). “Tener la oportunidad de vivir esta aventura familiar ha sido enriquecedor; es muy valioso sentir que aquí sólo nos tenemos a nosotros y que estamos formando un equipo donde todos debemos apoyarnos”, admite. Seguir leyendo

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Por Carolina Méndez, The Mama Store

Las tenidas veraniegas, los paseos familiares por las paradisiacas playas de los alrededores de St Petersburg y el calor, que Marcela adora, la tienen fascinada. Relajada disfruta con sus hijos y su marido la casa con muelle que arrendaron, mientras el ruido lejano de los motores de algunas lanchas de sus vecinos y los sonidos de los pájaros, son algunos de los protagonistas del entorno de este tranquilo hogar.

Y es que el clima (que estos días no baja de los 32 grados), la belleza y la tranquilidad de St. Pete, como le llaman sus habitantes, la tienen cautivada. “Las noches son fantásticas y como hace calor, podemos comer al aire libre, caminar y bañarnos en la piscina hasta muy tarde”. La conductora dice que también la ciudad es bien húmeda y que en algunas ocasiones les han tocado tormentas con relámpagos y lluvias, pero que después sale el sol.

En Estados Unidos Marcela tiene una rutina diaria bastante similar a la que llevaba en Chile. Todas las mañanas con su marido va a dejar a sus tres hijos al colegio, luego juntos hacen sus trámites o van al centro de la ciudad, que está a 20 minutos en auto de su casa. Ella reconoce que lo más difícil de su nueva vida, pero lo más gracioso, han sido sus primeras visitas al supermercado. “He tenido que aprender qué producto es mejor, más bonito y más barato. El otro día compré un pan que se veía rico, pero era pésimo, y unas galletas de agua, que en la letra chica decían “pimienta”, les puse mermelada y casi me muero”, cuenta entre risas.

La estadía de los Araneda Vacarezza en tierras estadounidenses tiene como objetivo vivir una especie de aventura familiar y, por otro lado, facilitar los trayectos cuando Rafael tenga que viajar a México por sus proyectos en la TV Azteca. Mientras tanto, el animador irá a Chile por su agenda con el Festival de Viña del Mar y asistirá a la Teletón en diciembre. La familia estará de vuelta en Chile en enero de 2015.

¿Cómo se han adaptado los niños en su nueva vida en Estados Unidos?

A los tres les saco el sombrero, pues han sido muy valientes; a su edad, entrar a un colegio nuevo, en una cultura distinta y con un idioma que no manejan a cabalidad, es un tremendo desafío. La Martina, a la semana que entró a su colegio ya tenía una invitación a un cumpleaños, lo mejor es que quiso ir y lo pasó fantástico. Ellos están muy motivados, llegan con ganas de hacer sus tareas y no paran de contar cómo les fue cada día. Es de gran ayuda que los colegios sean muy pequeños, pues hay una relación alumno-profesor muy cercana, como también entre los compañeros. Extrañan a sus amigos chilenos, pero todos los días están en contacto con ellos a través de los distintos métodos de comunicaciones, que son maravillosos.

¿Qué esperas de esta aventura familiar?

Pretendo vivir y disfrutar esta experiencia a concho y que sea para el futuro una fuente de grandes y lindos recuerdos; Además que por supuesto, nos permita crecer como personas y como familia.

Sus días de mamá en Chile

“Me considero una mamá cariñosa y muy estricta, y además quiero que mis niños crezcan como personas aterrizadas. Con Rafael no venimos de familias con dinero, por eso les inculcamos el valor del esfuerzo y el trabajo.”, sostiene.

En Chile los Araneda Vacarezza  disfrutan los fines de semana, salen con sus niños a comer, van al cine o hacen panoramas al aire libre. “Somos mucho de abuelos, tíos y primos,  tenemos una gran familia, muy achoclonada y lo pasamos muy bien juntos”.

Marcela comenta que sus tres hijos son muy distintos. “La Martina, que tiene 13, no le importa el tema de la moda. Ella es feliz todo el día con un buzo, le gusta andar cómoda; con un libro es feliz, se devora dos al día. La Florencia, en cambio, es una Barbie, le fascina la ropa y todo ese mundo, además es extremadamente cariñosa y muy de piel”. Y agrega que su hijo Vicente es tranquilo y muy apegado a su papá. “Es muy dulce, en el colegio siempre me dicen que es muy solidario con sus compañeros”, sostiene.

A pesar de encantarle las familias grandes ella aclara que no tendrá más niños. Empezó a los 31 años a  ser mamá y asegura que pasados los 40 se quedará con los hijos que tiene y que “adora”. “Para mí es muy difícil entender que alguien no quiera tener niños, aunque lo respeto. Al ser padres te afloran sentimientos que tú dices: “qué heavy”. Todos los días te entregan cosas tan lindas… Es tremendo también pensar que les puede pasar algo, ese es mi mayor miedo. Ser mamá es lo más lindo de la vida, pero también uno se expone a vivir la tristeza y el horror más grande del mundo. Todo puede cambiar en un segundo, por eso disfruto a mis hijos cada día”, concluye.

¿Cómo cuidas a tus hijos de la exposición pública?

Con Rafael jamás nos hemos visto envueltos en polémicas rascas, no nos exponemos y nunca lo hicimos antes de tener hijos. Desde chiquititos les hemos enseñado que no somos santos de la devoción de todo el mundo y que van a escuchar comentarios que no les van a gustar. Esto se lo repetimos a cada rato. Mis niños son ubicados, pero a veces, por su edad, se pueden cometer errores. Por ejemplo en el verano, un niño le tiró arena a Vicente, él se defendió y le dijo que no lo molestara porque era hijo del Rafa Araneda. Olvídate cómo lo retamos, eso no se los dejamos pasar. Les enseñamos que somos todos iguales y que tirar el nombre es vergonzoso.

¿Qué haces para que no pierdan el norte con el consumismo?

Como padres tratamos que valoren las cosas. Ahora tenemos una situación económica muy buena, pero Rafael y yo venimos de familias que no tenían dinero. Él fue pelotero, trabajó en turismo aventura y tuvo que pagarse sus estudios. Yo también, desde los catorce años siempre trabajé y tuve un auto que me pagué con mi pega. Además, era otra época. La bebida se compraba el fin de semana e ir a tomar un barquillo era un panorama familiar. Tratamos de aterrizarlos con ejercicios chicos. Por ejemplo, una de las niñitas perdía la goma de borrar todas las semanas y yo se la compraba siempre. A la cuarta perdida le dije que ella debería pagarla con su plata. Alegó, pero entendió que tenía que ser más cuidadosa. La comodidad que tienen los niños de hoy me asusta un poco.

¿Cómo ves a tus hijos a futuro?

Yo creo que vamos por buen camino, son niños que tienen amigos, que son preocupados por el otro y son responsables con sus deberes. No tienen problemas en el colegio. Puede resultar una frase muy cliché, pero yo quiero que sean felices. Me da lo mismo que escojan lo que quieran hacer, pero que lo hagan bien.

“En los deberes no transo”

Marcela es una convencida que la disciplina en sus hijos los ha llevado por buen camino. Martina, Florencia y Vicente son muy buenos alumnos, responsables y obedientes. “Yo siempre les repito mi lema: “Niño que se porta bien lo pasa bien, niño que se porta mal, lo pasa mal””.

¿Cómo te defines como mamá?

Soy bien cariñosa, pero también muy estricta. En los deberes no transo. Con las más grandes, hice el típico trabajo de ayudarles en las tareas para que en el futuro tuvieran el hábito aprendido. La Martina hace dos años es independiente con sus deberes. Con la Florencia me queda un poquitito más. Vicente está en segundo básico y a él no le avisan las pruebas, entonces no hay que estudiar de un día para otro. Además, tiene tres tareas diarias muy cortitas que está acostumbrado a hacer.

¿Los castigas?

Cuando eran más chicos sí, aunque se me apretaba el corazón. A veces uno se equivoca y los castiga sin haber tenido mucha razón, pero hay que morir en la rueda. He sido constante, pero ahora que son más grandes soy más flexible.  A veces ellos se equivocan y me dicen: “nunca más”. Yo, como los conozco, les doy una nueva oportunidad porque sé que realmente responden. Empecé a tomar en cuenta que ellos han crecido y respeto lo que piensan y lo que sienten.

¿Cómo manejas el tema de los celulares?

A la mayor se lo regalamos para la Navidad pasada. La Martina siempre me decía que todos sus compañeros en el colegio tenían celular. Ante eso yo le respondía otra de mis frases: “me da lo mismo lo que haga el resto”. Le explicamos que se lo compraríamos, no porque todos lo tuvieran, sino cuando fuese necesario. Ella empezó a salir sola, en el verano caminaba por la playa con amigas y decidimos que a los doce años era una buena edad para tener un celular. La más chica nos pide un computador, pero nosotros le decimos que ocupe el que está en la casa. En mi época me acuerdo que uno se lo pedía al vecino o al amigo; a los niños no se les puede dar todo.

¿Tienen mesada?

Creo que no es necesario. Recuerdo que comencé a tener mesada cuando fui a la universidad y usaba esa plata para sacar fotocopias o para comer. Ellos llevan almuerzo de la casa y no me interesa que compren dulces. La única plata que les damos, una costumbre que yo heredé de mi papá, es darles unas cuatro lucas por las notas, no más. Cuando llega el primer semestre y sacan buenos promedios, tienen su premio. A todos le va increíble, tienen notas arriba de 6,5.

“Ensayo y error”

Marcela cuenta que cuando chicos sus hijos fueron muy mañosos y que incluso tomaron vitaminas para el apetito. “Yo creo que todas las mamás pasamos por lo mismo. Hice de todo, desde que no se pararan de la mesa hasta que comieran lo que quisieran, porque después igual les iba a dar hambre. Este proceso es mucho de ensayo y error. Recién con mi tercero hijo aprendí que cuando grandes igual van a comer de todo”. La animadora dice que el menú de su casa es muy sano y que les manda la misma comida al colegio. “De lunes a viernes trato que coman bien, siempre con ensaladas y el fin de semana es más relajado, están permitidas las bebidas y ellos prefieren las light”.

¿Tienen prohibida la comida chatarra?

No, si yo cuando chica era feliz comiendo papas fritas, cómo se la voy a prohibir. Para mí el tema más complicado es en el verano, en la playa, cuando comen palmeras, cuchuflies y  todo el sistema se desordena. Ahí les permitimos sólo una cosa diaria.

¿Cómo incentivas a que tus niños ayuden en las labores cotidianas de la casa?

Siempre les estoy diciendo que guarden sus cosas y que ordenen. En general, son bastantes ordenados porque mi casa es así y yo creo que al final se acostumbran a este sistema. No dejo pasar las cosas hasta que las hacen. Eso de “mamá después lo hago” para mí no corre mucho, porque el “después” casi nunca existe. Cuando invitan amigos saben que luego tienen que ordenar, y los fines de semana tienen la obligación de hacer sus camas. También les pido que ayuden a recoger la mesa y otras tareas cotidianas.

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