María José Inzunza: “La maternidad marcó mi vida con un amor incondicional”

“Querendona”, “muy de piel” y  “muy presente” con sus niños son las principales fortalezas de la maternidad de la diseñadora de interiores María José Inzunza. Mamá de Martín (8), Noa (7) y León (2), confiesa que su vida cambió “en 180 grados” al ser mamá. “Mis hijos vinieron a colocar mi mundo de cabeza, en el buen sentido de la palabra. La maternidad marcó en mí un antes y un después. Conocí facetas que no me imaginaba tenía, me nació un instinto de protección que me hizo imbatible, pero a la vez extremadamente vulnerable a la vida; nunca imaginé la gran capacidad de amar que tenía”, dice. Seguir leyendo

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Por Carolina Méndez, The Mama Store.

Desde que se convirtió en mamá, María José cuenta que le “renació la niña interna que tenía dormida”.  “Me conecté con lo más profundo de mi ser. Por otro lado tuve que empezar a cultivar otras cualidades que me costaban muchísimo, como la paciencia. Aprendí a cambiar mis tiempos por los de mis niños; en un paso mío ellos daban dos, entonces tuve que bajar las revoluciones”, dice la diseñadora que trabaja en diseño interior en forma independiente.

Antes de casarse, María José se convirtió al judaísmo, religión de su marido. Ella explica que al tomar el judaísmo como una sola opción religiosa para sus hijos, el camino familiar se les ha hecho “fácil y afiatado”.  “Dentro de nuestro proyecto como familia, era muy importante que nuestros hijos tuvieran una base religiosa. Yo soy una persona súper creyente, y necesitaba entregarles a mis niños esa fe que me mueve. Fui conociendo el judaísmo mientras pololeaba y me fue cautivando, es una religión muy linda que une a la familia, está llena de tradiciones, ¡todo el año se celebra algo!”, comenta.

Y agrega: “Nuestra casa es una casa judía y mis niños tienen súper claro que yo me “cambié” de religión y que antes yo era católica. Además, la mitad de la familia de mis niños, por mi lado, es católica y con ellos celebramos la Navidad o la Pascua de los conejos. También vamos a la Sinagoga y mis hijos van a un movimiento tipo “scout” de la comunidad judía todos los sábados”, cuenta.

¿Cómo recuerdas el nacimiento de tus hijos?

Mis tres embarazos fueron bien complejos, con hiperemesis (exceso de náuseas y vómitos en el embarazo, que impide una adecuada alimentación de la mamá y el hijo), trombofilia (coágulos sanguíneos), diabetes gestacional y con anemias bien severas. Nunca disfruté mucho un embarazo, mucho médico y el último fue con muchísimo reposo. Lo pasaba mal, pero en el minuto en que nacían y me los pasaban, todo lo sufrido se me olvidaba, me bajaba un instinto bien animal con ellos, de sentirlos y acariciarlos como a unos gatitos, fueron los mejores momentos de mi vida.

¿Cómo fue la experiencia con la alergia alimentaría de tus hijos?

Todos nacieron con una alergia alimentaria llamada “alergia a la proteína de la leche de vaca”. Mi lactancia la comenzaba con unas dietas alimenticias súper estrictas, ya que muchos alimentos tienen trazas de leche de vaca en sus componentes. Esta dieta hacía también que mi producción de leche con el tiempo bajara. Si yo me salía de la dieta con un pedazo de chocolate, mis niños sufrían unas crisis de cólicos y lloraban horas, les costaba respirar por la cantidad de gases y tenía que llevarlos a la clínica para, que por medio de una sonda, les liberaran los gases;  ellos eran absolutamente reactivos a lo que yo comía.

¿Qué tipo de leches usabas?

Cuando mis hijos pasaron a la leche de tarro empezaba mi tortura. Con los dos más grandes fue mucho más difícil ya que no era un tema muy común, las leches las traían mamás de niños alérgicos y las vendían en forma bien rudimentaria, no estaban en farmacias ni tiendas. Ellos siempre usaban la leche más hipoalergénica, porque debía venir con la cadena de la proteína de la leche súper parcialidad. Mi hijo más alérgico fue León, con él estuve con apoyo constante con gastroenterólogo y de mi pediatra, ya que además de su alergia digestiva, él reaccionaba con su cuerpo. Era absolutamente atópico, no podía bañarlo directamente con agua, sino con unos baños de afrecho o avena hasta los ocho meses; tuve que usar cremas especiales y nada que tuviera metal en contacto directo con su cuerpo.

¿Cómo lo hiciste con la alimentación de tus niños?

Ninguna de las leches conocidas que yo había usado con los mayores me sirvió. Menos mal que con León, justo se empezó a comercializar una leche alemana que me salvó la vida (Humana Sineall), fue la única leche que mi hijo toleró y no le provocó cólicos, estreñimiento o diarreas, pero también era una leche difícil de conseguir, la vendían en un local con horarios y si uno hacia mal el cálculo y te tocaba fin de semana largo, era una tortura. Esta es la única leche que además no contiene soya, a la cual León también era alérgico. Mis hijos cuando presentaron esta alergia nunca pudieron comer colados o la típica galleta de champaña. Antes de algo nuevo que les quería dar, tenía que leer bien las etiquetas para que no tuvieran ninguna reacción.

¿Qué ha sido lo más lindo y lo más difícil de ser mamá?

Lo más lindo es ir viendo cómo van creciendo y cómo se van formando en pequeñas personitas. Ver como en el día a día van formando su carácter y su mundo interno, conocerlos en lo más íntimo de cada uno y usar el instinto para guiarlos en su camino. Es lindo darles espacio para su crecimiento sin anularlos; saber que al final tú eres su gran referente, es algo tremendamente bello. Y lo más difícil es ese nivel de entrega que uno tiene como mamá sin límites y encontrar los espacios para mí.

¿Eres mamá culposa?

Absolutamente (exclama) vivo y lidio a diario con la culpa, más que nada porque soy tremendamente intensa como persona, entonces imagínate como soy como mamá. Sufro cada minuto que me pierdo de ellos. Quiero estar con mis niños todo el rato, y no perderme nada de su día a día, en cada aprendizaje o frustración quiero estar y como muchas veces no se puede y ahí llega la culpa.

¿Cómo defines a tus hijos?

Qué difícil contestar algo tan auto referente, te podría decir mil quinientas cosas de cada uno. Los podría definir como niños sumamente sociables, pero lejos lo más importante, y que me llena de orgullo, es que son buenas personas y son tremendamente felices. Cuando grandes me los imagino como personas felices, desarrolladas y tolerantes. Cada uno desarrollándose en su área, las que más me suenan son medicina, música o arte, por ahí van sus talentos.

¿Qué nota te podrías como mamá?

Me encantaría decirte que me califico con nota siete, no por lo perfecto sino porque trato de entregar lo mejor de mí, y lo hago con tanto cariño que creo que al final todo tiene sus frutos. Pero es una pega tan del día a día, donde he ido aprendiendo que hay batallas que se ganan y otras que doy por pérdidas, entonces un siete no puedo tener. Pero estoy recién en esto, ser mamá es tan a largo plazo y me falta tanto todavía, que creo que no puedo ser categórica. Nunca he sido de proyectarme en el tiempo, soy feliz viviendo el día a día, la vida tiene tantas vueltas. Solo le pido a Dios que me guie y me ayude siempre a tomar las mejores decisiones con mis hijos.

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