Psicóloga Bárbara Porter: El valor de la autocompasión en la maternidad

Al convertirse en madres muchas tratan de dar lo mejor de sí mismas y se exigen demasiado. En esos momentos es cuando surge con más fuerza la autocrítica, la que suele ser muy autodestructiva. “Soy mala mamá” o “debería hacerlo mejor” son frases que se apoderan a diario de ellas. En este escenario la psicóloga y terapeuta Bárbara Porter propone aplicar el concepto de la “autocompasión”,  esa amabilidad que naturalmente guardamos hacia un amigo en problemas, pero también teniéndola consigo mismo. “Es lo opuesto a enjuiciarnos y tratarnos mal cuando no lo estamos pasando bien”, explica. Seguir leyendo

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Por Carolina Méndez The Mama Store

¿Cómo las mujeres se vuelven menos autocompasivas después de ser mamás?

Son muy autocríticas cuando son madres y viven con bastante culpa cuando creen que no lo están haciendo tan bien como quisieran o debieran. Por ejemplo, al no poder compatibilizar el trabajo con la labor de mamá, muchas terminan sintiéndose en el lugar equivocado; cuando están en la casa se sienten culpables por estar pendientes de la pega y en la oficina son culposas por lo poco que están con sus hijos. Entonces surge la autocrítica, que lejos de lograr cambiar lo que les molesta, las paraliza y las angustia.

¿Cuáles son las ventajas de practicar la autocompasión?

Los beneficios son claros. Al tratarse más amablemente, se deja de vivir con el enemigo. Cuando nos criticamos todo el día, por ser malas madres, mediocres profesionalmente o poco atractivas por esos kilos de más, cultivamos estados de ansiedad, angustia, tristeza y estrés. Al comenzar a practicar la autocompasión, activamente tomamos consciencia de esa voz crítica, y la reconocemos como un pensamiento más, no como una realidad. Entonces ese enfoque negativo pierde fuerza y podemos practicar la amabilidad con nosotros mismas.

¿Y las desventajas de no aplicarla?

El estrés, la ansiedad e incluso las depresiones son estados que son cultivados por años de autocríticas y pensamientos negativos. Ello genera un estado de insatisfacción e infelicidad que pueden llegar a ser crónicos.

¿Cómo sabemos cuándo nos falta practicar la autocompasión?

Un ejemplo muy concreto es descubrir qué nos decimos y cómo nos hablamos cuando estamos en problemas. Preguntarnos si lo hacemos duramente o si nos insultamos. Al tomar conciencia de este dialogo interno podemos reconocer lo que nos decimos como un pensamiento y no como una realidad. Al saber que estamos sufriendo, que no estamos haciendo algo mal, y que podemos tratarnos amorosamente en esa vulnerabilidad, ya estamos aplicando la autocompasión.

¿Qué tipo de mujeres están más propensas a desarrollar menos esta capacidad?

Las más autoexigentes, autocriticas e inseguras de sus capacidades o de sus cualidades.

¿Cómo se relaciona una mamá con poca autocompasión con su hijo?

Este tipo de madre puede entregarse por completo, olvidándose totalmente de sus necesidades, incluso de las más básicas como alimentación, descanso y recreación. El exigirse tanto por un tiempo prolongado y, junto a una alta autocritica, es un mal trato hacia sí misma, que tarde o temprano le pasará la cuenta. El cuidarse mejor no significa egoísmo o auto indulgencia, es la posibilidad de asegurar un vínculo con los hijos de mejor calidad y más prolongado en el tiempo.

¿Y en el extremo?

Una mujer poco autocompasiva suele manifestar una marcada rigidez y exigencia. Asimismo, expresa dificultad para aceptar las diferencia con su hijo, invalidando  sus necesidades. Este caso es bastante preocupante, porque ese niño tenderá a desarrollar una escasa autocompasión y a tener una alta autocritica también.

¿Qué consejos recomendarías para mejorar esta situación?

Practicar activamente la atención plena y la autocompasión tanto de manera formal, como con prácticas de meditación en la vida cotidiana.

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