Rodrigo Rubio: “Mateo llena mi vida de luz”

Sin duda, la vida del Profesor de Educación Física y Entrenador Personal, Rodrigo Rubio cambió para siempre al convertirse en papá. “Se desplazó el centro de gravedad de mi centro muy lejos de mí y lo puso en Mateo. Yo soy un planeta que gira a su alrededor intentando estar cada momento cerca, inmediatamente junto a él, sintiéndolo, escuchándolo, abrazándolo y acompañándolo; Mateo llena mi vida de luz”, dice Seguir leyendo

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Por Carolina Méndez, The Mama Store

Cuando a Rodrigo le preguntan qué edad tiene su único hijo, responde seguro su fecha de nacimiento y hasta los días de su edad. “Mateo tiene tres años, tres meses y dos días a la fecha de hoy 12 de junio 2015”, dice rápido y seguro.

Así como Rodrigo recuerda cada detalle en la vida de su hijo con exactitud, guarda en su mente el momento “inolvidable” de su nacimiento. “A las 00:00 horas del domingo 11 de marzo la Cata, mi mujer, ya estaba haciendo trabajo de parto en un parto natural y cuando eran las 02:07 Mateo estaba listo para nacer”. Rodrigo cuenta que en el parto hubo un “solo pequeño inconveniente”, pues Mateo estaba mirando a la espalda de su mamá y los médicos debían girarlo. “Juan Pablo, el ginecólogo, intentó darlo vuelta, pero Mateo no quería girar. Mientras tanto, yo sostenía la mano de la Cata, la alentaba, le besaba su frente y le decía: “vamos, vamos muy bien” y también le decía a Mateo: “vamos Mateo, hagamos un esfuerzo más”. Fue necesario una tercera maniobra y apareció su cabecita”, cuenta. Rodrigo dice que esos diez minutos se hicieron eternos y demandantes, pero que en la sala de parto había una energía “fantástica”.

“De pronto Mateo apareció, eran las 02:17 horas. Yo lo veía y no lo podía creer, había nacido nuestro Principito. Se veía precioso, perfecto envuelto solo en esa grasita protectora que trae su piel. Las lágrimas en mi rostro se ocultaron detrás de la máscara que estaba usando, a esa hora yo estaba con fiebre. A las 02:27 me lo pasaron en los brazos, venia lavadito, envuelto con un gorrito en su cabecita. Jamás voy a olvidar la primera vez que lo sostuve en mis brazos, lo calentito que estaba, todo mi cuerpo recibió una energía indescriptible.

Y agrega: “Jamás en la vida me había sentido tan feliz como cuando lo tuve en mis brazos, cuando lo miré a los ojos, y cuando él movía su cabeza como buscando algo, como tratando de saber dónde estaba. Yo repetía: “es maravilloso, es precioso, es perfecto, es mi hijo es nuestro Mateo””. En ese momento Rodrigo dice que la emoción fue “incontrolable”. “Las lágrimas literalmente saltaron de mis ojos, lloré, lloré y lloré y no paré de llorar por cerca de dos horas y un poco más. Había momentos en que paraba, tomaba aire, decía un par de palabras y desde el fondo de mi alma volvía a llorar. Jamás había estado tan profundamente feliz, todo me parecía maravilloso. Hoy lo beso, lo abrazo, lo miro y vuelvo a sentir esa misma energía, esa misma paz, esa misma e inmensa felicidad”, asegura.

¿Cómo eres como papá?

Soy muy presente, 24/7. Quisiera estar todo el día al lado de Mateo, así que adapto mis obligaciones, en la medida de lo posible, para pasar el mayor tiempo con él. Soy de piel, lo abrazo, le hago cosquillas, cuando era guagua me podía pasar horas sintiendo su respiración y acariciando sus manitos. Hoy, él me la hace difícil y me dice: “suficiente papá, suficiente” cuando lo hostigo y eso ocurre casi siempre (Ríe).

¿Cómo defines a Mateo?

Mateo es felicidad, es alegría, es un niño feliz, él es energía, es sensibilidad, es percepción, es libertad, él es un Principito, es cariñoso, juguetón, es un niño maravilloso.

¿Qué panoramas te gusta hacer con él?

Jugar, jugar y jugar. La acción lúdica por si sola es un lazo fundamental para su desarrollo. El juego es un instrumento de alegría, de aprendizaje, de confianza, en el juego forjamos nuestro vínculo. Quiero que mi hijo sepa con absoluta certeza que yo estoy a su lado, que cuando juguemos su corazón palpite lo más fuerte que pueda, que se atreva, que intente, que corra, que vuele y que sueñe. En el parque, que está frente a nuestro hogar, encontramos ese lugar perfecto para él junto a su bicicleta, su pelota de fútbol y los juegos de agua.

¿Qué ha aprendido Mateo de ti?

He intentado que aprenda a valorar su entorno, los afectos, que aprenda a respetar a sus pares y a sus mayores, que cuide sus cosas, que trate con cariño a los animales, que ame y disfrute la naturaleza, la música y obvio el deporte. He tratado que aprenda a ser responsable de sus acciones. Es una tarea permanente y  los niños son muy receptivos.

Como papá es primordial sostener una conducta uniforme y saber poner límites es mi deber. Me he esforzado para que Mateo tenga un marco bien establecido dentro del cual se pueda mover. Poder establecer esos límites le darán seguridad y lo harán un niño capaz de avanzar sostenidamente por un sendero que no siempre será todo lo amable que uno pudiera esperar.

¿Qué ha sido lo más complicado de tu paternidad?

Siempre ha sido difícil para mí cuando se ha golpeado o cuando se ha enfermado y sufro más yo. Es tan así que no puedo acompañarlo a las vacunas. La primera vez que lo acompañé, la enfermera nos dijo: “Puede que Mateo durante las próximas 48 horas pueda sentir mareos, decaimiento, náuseas y fiebre”. A las dos horas yo tenía todos esos síntomas.

Pero lejos lo más difícil fue dejarlo en el jardín infantil. Mateo fue al Jardín el 6 de marzo de este año, le faltaban cinco días para los tres años y en todo ese tiempo nunca había estado fuera del alcance de mis ojos ni de los de mi señora. Para ser sincero, estaba aterrado, no quería que llegara nunca ese día, sabía lo importante que sería para él, pero sería también la primera vez en que se lo confiábamos a otras personas. Fue tan difícil para mí que no fui ese día a dejarlo, sentí que no podría dejar de exponer mi angustia y eso para él sería aún peor.

Como hombre del deporte, ¿Cómo se lo inculcas a Mateo?

Mi vida  está ligada al deporte desde los 8 años, es un camino que ya tiene 41 años. Hace 25 que me dedico a esto como profesional de la educación física y he vivido intensamente la pasión por esta actividad a lo largo de toda mi vida. El deporte es mi vida, imagina ahora lo que para Mateo, quien es lo más valioso que me ha ocurrido en la vida, puede significar.

Yo lo incentivo, jugamos, andamos en bicicleta,  hacemos natación, fútbol, caminatas, pin–pon, tenis, monopatín, deportes en agua, tierra, pista, cancha, cualquier momento es un vehículo para su desarrollo motor. Busco que Mateo tenga un bagaje lo más completo posible de experiencias motoras y busco siempre con el juego que desarrolle de manera armónica sus capacidades coordinativas, su agilidad y su equilibrio. Busco que sea un niño que mañana pueda utilizar el deporte como una herramienta fundamental de su desarrollo personal. El deporte ocupa un lugar trascendental en mi relación con Mateo, es un vínculo invaluable con un inmenso poder en nuestra relación.

¿Qué sientes cuando hablas de Mateo?

Cuando Mateo nació, como lo mencioné antes, vino a cambiar por completo mi vida. El centro de todo lo que me rodea es él y todas mis emociones, que normalmente están a flor de piel, se potenciaron. La felicidad que Mateo me ha dado ha sido tan desbordante, inmensa, profunda que hasta no hace mucho, me era imposible evitar que en una conversación cualquiera, si me preguntaban por él, se me llenaran los ojos de lágrimas y no pudiera hablar; simplemente me ahogaba en la infinita felicidad que él me genera. Tenía que respirar profundamente y reorganizar mis emociones y solo en ese ejercicio podía retomar el diálogo y terminar una conversación, quizás porque me preguntaban cuando ya era un papá viejo ¡de 46 años! (Ríe)

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¿Qué nota te pones como papá?

Me  podría un seis, porque todavía me falta controlar mejor mis emociones. A veces debería tomarme unos segundos para reflexionar más, para tomar un poco de distancia y decidir actuar. En ocasiones soy muy permisivo cuando no debería serlo y en otras a la inversa, soy demasiado rígido cuando tampoco debería serlo. Estoy siempre haciendo un esfuerzo para mejorar, espero poder ser cada día un papá mejor.

Y por último, ¿qué te gustaría decirle a Mateo en esta entrevista?

Mateo eres maravilloso, te amo, llenas mi vida de luz. Le das a mi alma el complemento que jamás tuve, eres todo para mí. No existe nada que iguale la alegría de verte sonreír, de verte feliz, quisiera tenerte a mi lado todo el día y tenerte de la mano, caminar siempre juntos, abrazarte fuerte contra mí y comerte a besos. Te prometo que haré siempre mi mejor esfuerzo para estar a tu lado el mayor tiempo posible. Haré siempre mi mejor esfuerzo para intentar ser un buen padre. Haré siempre mi mejor esfuerzo para ser capaz de ponerme en tu lugar y entregarte las herramientas que te vayan haciendo una mejor persona. Eres, junto a tu mamá, lo mejor de mi vida Principito, ¡los amo!

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