Stephanie Moore, una mamá Americana en Chile

Stephanie Moore, mamá de Sofía (7), Isabel (4), y José Ignacio (2) vive hace nueve años en Chile. Casada con un chileno, esta ingeniero comercial estadounidense (oriunda de San Diego, California) relata cómo ha sido su maternidad en estas tierras y cuenta cuáles son las mayores diferencias en el estilo familiar de ambos países. Seguir leyendo

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Por Carolina Méndez, The Mama Store

Hace quince años, cuando Stephanie viajó por primera vez a Santiago,  a través de un intercambio de tres meses con su universidad, jamás imaginó que se quedaría para formar su familia. “Vine con hartas amigas a estudiar español y el plan era estar un tiempo corto. Quería conocer este país porque sería mi única oportunidad, ya que jamás encontraría la excusa para visitar un lugar tan lejano. Nunca creí que me iba a casar con un chileno y que terminaría viviendo aquí hasta hoy”, relata en su perfecto español.

Esta ingeniera comercial, quien trabaja en un banco holandés en Santiago, hace un año decidió cambiarse de puesto para quedarse hasta las tres de la tarde y así poder pasar a buscar a sus niños al colegio y estar el resto del día con ellos. “Mis hijos son lo mejor que me ha pasado en la vida, me siento muy afortunada de ser mamá de tres críos. Necesitaba tener más tiempo y energía para ellos. Trato de tener con cada uno un espacio individual todos los días. Ahí leemos cuentos, preparamos la comida o vamos al supermercado”, sostiene.

Stephanie se preocupa de conservar sus raíces estadounidenses, por eso les inculca a sus tres hijos sus tradiciones americanas. “Les explico cómo es la vida allá y en la casa hablamos sólo en inglés; todos nuestros libros y la televisión están en este idioma; también les hago los típicos sándwich de mantequilla de maní con mermelada, galletas de chispas de chocolate, les preparo los desayunos grandes con panqueques, huevos, tocino y les incorporo todo con lo que yo crecí”. Y añade que extraña de Estados Unidos la variedad y diversidad de productos para niños en alimentación, juguetes, libros y ropa. “Allá hay mucha variedad, con cosas de buena calidad y a buen precio; sin embargo en Chile cada día existen más oportunidades y productos para la familia. He visto una evolución en los últimos quince años que es impresionante para el mundo de los padres, es fantástico cómo ha crecido este mercado”, comenta.

¿Qué es lo mejor de ser mamá en Chile?

En lo positivo, existe un consenso muy grande sobre la importancia de la maternidad y se tiene un especial cuidado con las mamás. Por ejemplo, para las embarazadas hay preferencia en los estacionamientos y en las colas de los supermercados u otros lugares. En general, la gente ayuda mucho a las mujeres con niños en la esfera pública. En mi país hay cero trato especial en ese sentido y realmente uno agradece estos gestos cuando estás con ocho o nueve meses de embarazo. Acá además, hay más posibilidades de contar con ayuda doméstica. En Estados Unidos, las mamás que trabajan generalmente tienen a sus hijos en una sala cuna y llegan a la casa a hacerse cargo de las tareas del hogar. Aquí, he tenido la suerte de tener a una persona súper dedicada que me apoya en las labores cotidianas.

¿Qué opinión tienes del postnatal en este país?

Es fantástico, es un sueño porque es un espacio largo y enriquecedor. Pude tomar los siete meses con mi último hijo, tuve la posibilidad de amamantarlo más tiempo y fortalecer el vínculo con él. Además, me dio más espacio para compartir con mis otros niños, fue una etapa maravillosa. En Estados Unidos no existe el prenatal y el postnatal es de doce semanas. Durante este periodo el Gobierno no te paga y la opción de cancelarte el sueldo completo en este tiempo es de la empresa, aunque la mayoría de las compañías lo hace.

¿Cuáles son las mayores desventajas que ves como mamá en Chile?

Echo de menos algunos productos que venden en Estados Unidos y que facilitan la vida a los papás. Por ejemplo, allá tienen muchas más opciones de comida preparada que puedes comprar en el supermercado y que son ricas, sanas y alcanzables para el bolsillo. Aquí, las alternativas son bastante más limitadas. Mis tres hijos eran todos alérgicos a la proteína de la leche de vaca.  Dos de los tres tenían Alergia alimentaria múltiple (AAM) que era alergia a casi todos los alimentos. En un momento José Ignacio, el menor, solo comía arroz, manzana, y un relleno especial, era muy complicado. Aquí, tuve pocas posibilidades de encontrar alimentos sin alérgenos. En Estados Unidos tenemos supermercados enteros dedicados a la gente con dietas restringidas por alergia y hay panaderías que hacen postres increíbles sin lácteos, soya o gluten.

También, allá, en general, los niños van a colegios cerca de sus casas y así las familias no pasan tanto tiempo en el auto. Es súper agotador viajar con tacos y tener que levantarse a las seis de la mañana para atravesar Santiago. Yo me fui caminando al colegio toda la vida, por lo que nos fuimos a vivir muy cerca del colegio de mis hijos y así evitar los traslados.

¿Qué más extrañas de Estados Unidos?

Más que nada, a mi familia y en especial a mi mamá para apoyarme en el día a día. Ella nos visita por lo menos tres veces al año y con mi marido y los niños vamos una vez al año para allá. Estoy esperando el día en que se jubile mi papá para que ambos se puedan quedarse más tiempo en Chile. Además, tengo tres hermanos que viven allá y los extraño mucho. Lo otro que echo mucho de menos son las tradiciones. No es fácil trasmitirles todas mis costumbres a mis hijos, pero intento hacerlo. Igual que en Estados Unidos, acá pintamos los huevos de Pascua y hacemos calabazas con las velas adentro para Halloween; este año planeo cocinar toda la comida para el Día de Acción de Gracias.

¿Cuál ha sido tu experiencia en la parte médica con los partos de tus hijos en ambos países?

Dos de mis niños nacieron en Chile y uno en Estados Unidos. Diría que el nivel de cuidado y el parto fueron muy parecidos, tuve experiencias muy positivas en ambos lugares. Sin embargo, la atención posparto aquí es increíble. Cuando mi hija nació en San Diego, estuve una sola noche en la Clínica y realmente me tuve que cuidar sola mientras estuve hospitalizada. Aquí, me quedé tres noches con cada hijo y recibí mucho apoyo de todo el equipo médico. En este país los doctores están más disponibles, ¡si hasta te dan el número de su celular y lo atienden a toda hora!

¿Cómo es el hombre chileno para cooperar en las labores domésticas comparado con el estadounidense?

Mi papá estuvo súper presente en mi casa, lavaba los platos todas las noches, sacaba el perro, recogía la basura y siempre me ayudaba con mis tareas. Él llegaba a más tardar a las seis de la tarde y comíamos siempre juntos como familia a las 6:30 pm. Mi marido me ayuda mucho el fin de semana con los niños y con todas las tareas de la casa (menos cocinar), pero dado el horario laboral en Chile, está muy poco en la semana. Eso ha sido uno de los aspectos más difíciles de vivir aquí, pues el día laboral es tremendamente largo y los tacos, como los traslados, son tremendos.

¿Cuál es la mayor diferencia entre el sistema escolar americano y el chileno?

En Estados Unidos, los colegios públicos son muy grandes y de excelente calidad. Asistí a uno público y en educación media había más de tres mil alumnos. Por un lado, es fácil perderse, pero por otro hay muchísimas oportunidades. Por ejemplo, en enseñanza media, ofrecían tres o cuatro niveles de clases de fotografía y de mecánica automotriz básica (con un taller de autos en el colegio). También, teníamos equipos competitivos para todos los deportes (hasta uno de polo acuático femenino y de lucha libre, entre otros) y una banda musical con 400 miembros. Además, por las  competencias viajábamos por todo el estado de California.

¿Cómo ves la educación chilena?

Acá es carísima y los colegios son chicos, por lo tanto la oferta de actividades es mucho más limitada. Sin embargo, la calidad de la educación académica en el colegio de mis hijos es excelente, los profesores realmente conocen a los niños y hay una comunidad muy unida y preocupada por cada alumno. En Chile hacen mucho trabajo para crear conciencia social y ayudar a la comunidad. Siento que este tipo de iniciativas me faltaron en mi etapa escolar en San Diego.

¿Tienes pensado quedarte para siempre en Chile?

Lejos es la pregunta más difícil. No tenemos planes de regresar a vivir a Estados Unidos, ahora que estamos instalados hace poco en una casa y los niños están acostumbrados en su colegio. Sin embargo, yo jamás digo “nunca” en esta vida y sueño algún día poder llevar a mi familia a vivir allá, aunque sea por una corta estadía.

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2 comentarios en “Stephanie Moore, una mamá Americana en Chile”

  1. STEPHANIE ERES MARAVILLOSA COMO MAMA Y ESPOSA VIVI 21 AÑOS EN USA Y NO CONOCI UNA MAMA DANDO O ALIMENTANDO A SU BEBE CON SU LECHE YO TAMBIEN AMAMANTE A MIS CUATRO HIJOS

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