Una segunda oportunidad

Al iniciar una relación con alguien, que ya tiene hijos, en ocasiones se forma una familia con los hijos de otros. Beatriz Cruz y Juan Ignacio Valdivia lo vivieron así. Ambos estaban separados, tenían sus niños y se casaron armando una familia “ensamblada” como ella la llama. “La vida nos entregó una segunda oportunidad; nuestros hijos, quienes tienen padres extraordinarios, además, ganaron, “otra mamá” y “otro papá” con la historia familiar que hemos construido”. Seguir leyendo

Beatriz-Curz

Por Carolina Méndez, The Mama Store

Beatriz y Juan Ignacio llevan tres años casados. Ella, periodista, es mamá de Agustín (10), y su marido de Isidora (8). Un clan al que hace un año y seis meses se sumó Juan Diego, el primer hijo en común de la pareja. Su llegada, ella dice, los consolidó aún más como familia. “Todos amamos incondicionalmente a la misma personita y ahora todos tenemos una unión en común”.

La periodista cuenta que inmediatamente no involucraron a sus respectivos hijos en su relación de pareja. Dice que fue un proceso gradual y que se dio sin ninguna imposición. “Cuando vimos que lo nuestro estaba más sólido, empezamos a integrar a los niños; al principio, nos mostrábamos frente a ellos siempre como buenos amigos y con el tiempo ellos vieron, muy naturalmente, que estábamos pololeando”.

Beatriz relata que cuando decidieron casarse a sus hijos no les causó rechazo, pero tampoco saltaron de alegría. Y es que los niños de ambos tenían algunas aprensiones. Como hijos únicos, ella cuenta, eran muy regalones y este gran cambio, les daba temor. “Más que todo era un gran salto para Agustín, quien estaba acostumbrado a vivir solo conmigo; no era ninguna gracia que otro hombre, que no era su papá, llegara a vivir con nosotros, por muy simpático que le cayera”, y añade: “Con el tiempo ellos se dieron cuenta que casarnos traería cosas positivas; nos cambiaríamos a una casa más grande, pero lo más importante es que ganarían otro papá y otra mamá y tendrían la posibilidad de tener un hermanito en común, que era el sueño de ambos”.

Al casarte por segunda vez, formaste una familia con tu hijo y la hija de él ¿Cómo tomaron esta situación?

Cuando tienes familias “ensambladas”,  no sólo te involucras con los hijos del matrimonio anterior, sino también lo haces con las ex parejas de estos. Nosotros somos muy afortunados, pues tenemos una relación muy cercana con ellos, son parte de nuestra vida y la de nuestros niños; esto ha sido clave para el éxito de nuestro matrimonio. Agradecemos que tengamos este apoyo tan grande, pues mantenemos un lineamiento común en la educación de nuestros hijos. Los cumpleaños y fechas importantes de los niños los celebramos todos juntos, porque cada uno es importante en sus vidas; La mamá de la Isidora y el papá de Agustín son excelentes padres y ambos han contribuido a que nuestra relación sea muy llevadera.

De acuerdo a los especialistas, formar una familia “de los tuyos, los míos y los nuestros” tendría una sola clave: Los límites ¿Cómo los han manejado?

Como una familia “ensamblada”, los límites siempre están;  la clave está en no hacer diferencias entre los niños y que todos deben recibir el mismo trato. En eso, no creo que exista diferencia con respecto a otro tipo de familias. Siempre debe existir el respeto entre todos los integrantes y, por supuesto, una buena comunicación. Con mi marido fijamos las normas de convivencia de la casa; lo importante es que deben ser claras y que sean  justas para todos.

¿Cómo crees que se gana el respeto de alguien que no es tu hijo?

Quizás, va a depender de la edad en que se encuentren los hijos y cómo te relacionas con la madre o padre del niño. En nuestro caso, tanto la Isidora como Agustín, jamás han hecho un comentario como: “tú no me mandas”. Esto se debe a que sus papás les han inculcado el respeto y nos han validado frente a sus hijos de manera positiva; eso es primordial. También, es fundamental ejercer un rol disciplinario lentamente, a medida que se consolida la relación con los hijastros.

¿Cómo es tu relación de confianza con la hija de tu marido?

Isidora es una niñita encantadora, buena hija y hermana. Espero, que cuando sea grande, tenga la confianza para comentarme sus problemas y alegrías. Ella es más bien introvertida y quizás recurra a su mamá o papá primero, cómo es lógico, pero, sin duda, seré la tercera de la lista. La Isi es mi aliada, ya que es la única mujer y armarle su pieza fue la mayor chochera. ¡Al fin podía incluir el rosado en mi casa! Cuando me preguntan cuántos niños tengo yo siempre respondo: “tengo tres hijos, dos de guata y una de corazón”.

¿Qué riqueza se experimenta como familia con este tipo de vivencias?

La experiencia de haber “fracasado”,  de algún modo en tu matrimonio anterior, te hace plantearte las cosas de manera diferente. Leí por ahí algo que es muy cierto y es que las familias “ensambladas” nacen de un proceso de duelo. Todos los miembros que la conforman vienen de vivir una pérdida; un proceso de dolor, por lo tanto, han atravesado el tortuoso camino que los lleva al crecimiento. Esta situación nos hizo estar más abiertos al establecimiento de lazos que se basan en la esperanza y la paz; un nuevo comienzo. Lo gratificante también es que las familias se multiplican con la aparición de “abuelastros”, “tíaastros” e incluso con vínculos que carecen de nombre; al multiplicarse la familia, multiplicas el amor que estas personas les entregan a tus hijos.

¿Cómo es la relación de tu hijo y la hija de él?

A pesar de ser de sexos distintos se llevan muy bien, Agustín habla de la Isidora como “su hermana” y viceversa; tienen sus diferencias, como cualquiera las tendría con un hermano, pero siempre aprovechan al máximo el tiempo que tienen juntos. Cuándo estábamos recién casados, me acuerdo que un día fue un compañero de curso de mi hijo a la casa y cuándo vio la pieza de la Isi preguntó de quién era y Agustín le respondió: “Es de mi hermana, ella no vive con nosotros pero a veces se queda a alojar, es la hija del marido de mi mamá”. Él tenía la película clarísima y se lo supo explicar con mucha naturalidad.

¿Cómo fue recibida la noticia por los hijos de ambos cuando supieron que tendrían un hermanito en común?

Ambos querían tener un hermano, habían sido hijos únicos durante mucho tiempo, por lo que estaban muy esperanzados en que llegara pronto. Cuando les contamos que estaba esperando guagua, se pusieron muy felices. Todos los días, durante los nueve meses me preguntaban: ¿cuánto falta? El día que nació Juan Diego les dijimos que entraran a conocerlo antes que todos. Queríamos que se sintieran importantes al ser “los primeros” en verlo. Observar sus caritas de máxima felicidad al ver al fin a su hermano con ellos, fue lejos lo más lindo de toda esta linda historia. Ellos lo aman por sobre toda las cosas y jamás han sentido celos de él, todo lo contrario, la generosidad que tienen ambos por él me conmueve.

¿Cómo es la relación de tu marido con tu hijo?

Agustín tiene un papá muy presente, que lo visita todos los días, sin embargo, también tiene un vínculo parental con Juan Ignacio, quién tiene un rol afectivo y también de autoridad. Mi marido participa activamente en la formación de mi hijo. Ellos mantienen una muy buena relación, que involucra respeto mutuo. Lograr esto fue un proceso largo, una vez escuché que Agustín le dijo: “Eres el mejor padrastro del mundo”.

¿Qué les dirías a las familias que se están enfrentando a una situación como la que te ha tocado vivir a ti?

Les recomendaría darse tiempo para consolidar las nuevas relaciones familiares y desarrollar relaciones de a dos: cada progenitor con cada hijo, y el padrastro o madrastra con cada hijastro. Es importante también, fortalecer la pareja. La integración de una familia “ensamblada” requiere un largo tiempo y  debe partir de un acto de amor.  Además, de un esfuerzo de voluntad, pero una vez logrado el equilibrio la recompensa es tremenda. Nuestros hijos tienen en el hogar un modelo de pareja que se ama y para todos ha sido una segunda oportunidad.

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